Mi narración escrita de los hechos únicamente me tiene a mi mismo como destinatario, aunque sospecho que los que me tienen aquí encerrado tienen acceso a la memoria del ordenador y por tanto de alguna forma sé que también ellos pueden ser el público lector de mis reflexiones, apuntes, delirios, preguntas, preguntas, preguntas…
Supongo que cuando uno no tiene otra perspectiva de la realidad, esta acaba siendo su única realidad. No tengo espejo, pero el hecho de estar continuamente observando a P. me hace suponer que yo mismo soy a su vez observado por otro o por otros. Ese otro u otros, al que, como ya mencioné, he decidido llamar L., ¿está también pensando en mí, lo mismo que yo pienso en P. como en un juego de espejos paralelos que quizás produce imágenes infinitas, de las que cada uno sólo es capaz de ver a un P. y suponer la existencia de un L.? […]

CHIRÓN 2/5