Pegaso pescando en la luna

El despertar del Sátiro (Cantos de la fiesta de Pegaso)

Pegaso pescando en la luna

Canto I

En las noches de plata, donde el cielo susurra,
vuela Pegaso errante, con su alada figura.
Allí donde la luna, en su espejo resplandece,
busca el corcel divino, la pesca que florece.

Aleteo celeste, entre estrellas se mece,
bajo el manto nocturno, su silueta perece.
Sus cascos son de estrellas, sus crines de cometas,
y en su ojo brilla el fuego de cien lunas repletas.

Con un hilo de plata, del astro desprendido,
lanza Pegaso al agua, en vuelo detenido.
En la calma serena, del lago lunar,
espera el pescador con paciencia ejemplar.

En la hondura silente, donde el sueño se gesta,
surge un pez de luz pura, del alma la fiesta.
Atrapa con destreza, el corcel celestial,
y reluce en sus ojos, un brillo inmortal.

Regresa a las alturas, donde el viento es su amigo,
y con su presa luminosa, se convierte en abrigo.
Pegaso y la luna, en un lazo divino,
cantan historias de estrellas, en un eco fino.

Así en el cielo eterno, donde todo es posible,
la pesca de Pegaso, es un sueño insensible.
Un susurro de magia, un fulgor sideral,
un cuento de la noche, un poema inmortal.

Canto II

En la vastedad de la noche, Pegaso vuela en silencio,
hacia la luna plateada, espejo de sueños y anhelos.
Con sus alas de plata, albatrado de tiempos antiguos,
surca los cielos oscuros, en busca de estrellas fugaces.

Allí, en la cúspide fría, donde la luz se refleja,
ve el centauro alado el lago, brillante y sereno.
La luna, como un espejo, devuelve su imagen divina,
y en sus aguas etéreas, se hunden sus pezuñas de nieve.

Con un anhelo profundo, Pegaso desciende despacio,
sus alas se pliegan suaves, cual pájaro en trance de vuelo.
Cae una pluma dorada, en la superficie plateada,
y con gracia inefable, se posa, flotando en la calma.

Sus ojos, luceros de noche, buscan en el agua estelar,
los peces de plata y sombra, que nadan en mares de luna.
Con un gesto elegante, su cola se convierte en hilo,
y en la punta, un anzuelo hecho de polvo de estrellas.

Paciencia de siglos en él, espera sin tiempo ni prisa,
mientras el universo danza, en torno a su ser celestial.
De pronto, un tirón ligero, rompe la quietud de las aguas,
y un pez de luna emerge, brillando en su captura escuálida.

Pegaso sonríe en la noche, victoria de dioses alados,
ha pescado en la luna, tesoro de plata y deseo.
Con su presa brillante, se eleva de nuevo en el cielo,
dejando detrás un rastro, de sueños y luces perpetuas.