Tuve que dejar de acudir al puerto de Valencia. Juro que el lenguaje de las regatas me ponía como rijoso grumete: entre tanto mástil, tangón, ceñidas, empopadas, botavaras, vergas mayor y menor… mi idem no dejaba de trempar. La espuma del Mediterráneo sabe muy bien de lo que hablo.

Vargas y la America’s cup